El peligro xenófobo del indigenismo P2P

Conforme al paso del tiempo, y con él, la evolución de la técnica, ha ido aumentando la capacidad del individuo medio para imaginar, naturalizar, cartografiar y comunicar un espacio cada vez mayor. Con esa capacidad aparece también la posibilidad de imaginar relatos que llevan a la planificiación de sistemas cada vez mayores, entendiendo sistema como un nodo interconectado de sucesos, hechos y recursos que se optimizan buscando una finalidad. Obviamente, el sistema implica una capacidad de movilización de intelecto y fuerza de trabajo, un recurso escaso y que necesita ser ordenado a modo de lubricante.

Este sistema desdibuja su utilidad ante lo tentador de la captura de unas finalidades no predefinidas ni consensuadas en todo sistema social que tenga implicaciones territoriales y que conllevan un monopolio de la gestión de las externalidades que suponen la escasez más básica: compartir el territorio y convivir con los vecinos.

Es por ello que una de las principales repulsas que surgen ante él partirán de la reclamación “soberanía” de una región, que no deja de ser sino la creación de una nueva finalidad: la voluntad de un subsistema de ser sistema. El discurso de la autogestión es fácilmente capturable por una nueva élite regional/subsistémica que, considerándose en un estado no-optimizado, pretende crear unas nuevas finalidades. Y con ellas, capturar y orientar la fuerza de trabajo hacia su objetivo como sistema, que no deja de ser,  el funcionamiento más básico de todo nacionalismo, ya sea expansionista o secesionista: la creación de un relato, discurso y finalidad para lo contenido en un territorio; y con ello, la necesidad de implementar un nuevo método de funcionamiento.

El avance de la tecnología y la reducción de las escalas óptimas de producción y cooperación nos está permitiendo un aumento de autonomía, un acercamiento a la autogestión y una reducción de las dependencias externas: autonomía.

El discurso P2P en el que se intercambian información, técnica, ideas, conocimiento y soluciones entre pares favorece el desarrollo de la autonomía comunitaria en una escala cada vez menor y ha alterado los órdenes de coordinación y cooperación entre individuos y colectivos que persiguen fines comunes más allá de sus límites como sistema o sus fronteras y reconociendo la necesidad de otros pares. Lo Libre plantea una base única más allá del discurso clásico de lo público en el que personas, sabedoras de que potencialmente otros pares se enfrentarán al mismo problema, ponen sus soluciones a disposición de quien quiera cooperar, colaborar o simplemente reusar y reenfocar. Hasta aquí, todo bien.

Sin embargo, una cuestión alarmante se plantea. Este discurso está siendo muy bien asumido por el tipo de colectivos que, frente al objetivo de buscar un modelo de cooperación libre, encuentran en el discurso de la resiliencia y la producción individual un campo ideológico clave para recurrir a ese miedo prepotente a lo extranjero y desconocido que es el autarquismo. El autarquismo, como sistema orientado rígidamente tiene, ante todo, un fuerte complejo hacia el orden y suele acarrear autoritarismo y xenofobia.

Lo comentaba el otro día en Bilbao con Las Indias y me alegra ver que, tal y como transcribieron David de Ugarte y Natalia Fernández, compartimos ciertos miedos hacia este auge del localismo. Esa voluntad creciente de autogobierno  de la que orgullosamente presumimos, conlleva una serie de problemas. Obviamente, estábamos alarmados por la creciente de xenofobia en la vieja Europa social. Si el sistema fue aumentando y deshumanizandose para llegar a nuevos límites y abrir nuevos horizontes, el proceso contrario, el del miedo y la crisis se cierra en el odio, la fractura y la autoproducción reconvertidos en autarquía y repulsa a lo no propio.

Esa búsqueda de identidades colectivas fuertes, a las que fácilmente élites pueden orientar hacia sus propias finalidades, lleva por lo general y tristemente a la supeditación de lo nuevo a lo viejo, lo propio a lo extraño y el temor a lo desconocido. El fin de la innovación. Dios y Ley Vieja.

Así, el indigenismo más primigenio de toda cultura, ese que opta por la conservación cual fotografía estática de un orden social sin comprender que solo las culturas muertas terminaron de construir sus catedrales, está comenzando a adoptar el discurso P2P como un medio hacia la autarquía y el aislamiento; generando un residuo discriminatorio. El P2P es un discurso solo entendible desde una lógica de pares, y un discurso discriminatorio inutiliza cualquier entendimiento entre estos pares, porque ya no se reconocen como tales.

Es por eso que me generan cierto miedo la creciente ansia hacia la vuelta a la producción local, la relocalización y la vuelta de la industria a toda costa y, con ella, la supuesta seguridad de un pasado tecnológico que evita vías de emancipación, mejora de las condiciones laborales y explota una visión basada en el ludismo antitecnológico en el que robots roban trabajo en vez de liberar manos para que hagan trabajos menos mecánicos. Como dijo Henson para ilustrar a IBM: Machines should work, people should think!

Lo sé, no es cuestión de caer en el determinismo tecnológico. Si algo nos enseño Kropotkin es que, pese a la ola de optimismo, limpieza y mecanización que trajo la electricidad, su Campos, fábricas y talleres se equivocaba -aunque ya se trabaje menos horas y las fábricas sean higiénicas- y la ilusión tecnológica se trasladó en un mero continuismo evolutivo.

Volviendo al localismo, la búsqueda de lo local es la búsqueda de las relaciones cercanas, la solidaridad, la cooperación y la confianza. La rehumanización y la desinstitucionalización del trato entre individuos. La próxima revolución industrial será, según Karson, más difícil que la anterior, porque se trata de distribuir y no descentralizar. Distribuir y buscar a los nodos que se consideran sobre un plano con individuos que se consideran iguales no puede soportar los tics discriminatorios.

Ahí coincidiré extrañamente con César Rendueles -con el que suelo diverger-: “tus followers no te salvarán de la crisis, tus amigos sí“. El funcionamiento a pequeña escala suele estar engrasado, el contacto entre pares es cómodo, igualitario, sencillo, agradable y se basa sobretodo en la confianza y el compromiso. Y ese tipo de contactos siguen siendo más fáciles en persona, pero no exclusivamente.

Es por ello, que veo necesario un replanteamiento de lo local, es decir, lo cercano y lo interpersonal. Parece contraproducente la construcción de fronteras -regionales, nacionales, ideológicas, de raza- evadiendo la mirada hacia la identidad impuesta -lo local- frente a la seleccionada. Así, el título de esta entrada recoge un concepto que encontré en una apología de una de las fronteras más evidentes al sistema, el mercado de las drogas. En una entrada en defensa de Silk Road aparecida en The Daily Dot:

“En la misma semana, recibí una onza de hongos psicodélicos de Oregón, un cuarto de libra de una magnífica marihuana de Canadá disfrazada de huevos en polvo […] y cristales de MDMA del tamaño de un pulgar desde Holanda. […]

Detrás, estaría un chaval que probablemente vive en Holanda y tu estás en Florida […] pero te puedes sentir seguro y estas convencido de que lo que cada persona está encontrando es lo que refleja su propia personalidad […]

Es el Nü-Local.

Replantear local como cercanía, y comenzar a asociarlo de una nueva forma parece necesario. Sin olvidar que es necesario buscar los modelos de proximidad que deseamos, al menos si buscamos ciudades más cooperativas, y que esta cooperación no se quede encerrada dentro de sus fronteras. Y todo, sin olvidar, que la apertura lleva a la búsqueda de nuevos horizontes, y estos a seguir mejorando.

24 críticas en “El peligro xenófobo del indigenismo P2P

    • Sí, probablemente ahora, menos de 12 horas después de haberlo escrito, yo también hubiese puesto otro título en vez de tanto terminito tan enrevesado y al que no le voy a dar seguimiento 😀

      Gracias!

  1. :-) no importa el término, importa el concepto: definir local en términos de red y no en términos geográficos. Ese es un buen contraataque… al menos mientras las blogsferas no se renacionalicen aun más y los libros de caras no sustituyan/oculten aun más la interacción/conversación capaz de crear comunidades…

    • Esa es la idea: cómo de cerca está la nueva vecindad. El problema del adhesionismo es que ha transformado la visión mayoritaria de internet desde una plaza pública -un lugar de relaciones cercanas, intercambios, bazar- en una serie de grandes centros comerciales de masas -locales, sí, pero donde las relaciones se relajan a un mero roce con el que no te deja pasar y un intercambio esporádico sin mayor responsabilidad-.

  2. Hola Pablo, creo que es un tema crucial, ya que, como dices, hay un cierto tufillo a ese espíritu localista que tan poco atractivo resulta. De hecho, muchos son los foros de Desarrollo Local donde no se empieza a hablar de territorio y no tanto de Desarrollo.

    Como decía en mi post sobre la vuelta de la relocalización y como complementaba David en los comentarios, la alegría venía no tanto por la reubicación local de esas industrias sino en ver una prueba más de la crisis de la escala y la importancia cada vez más del alcance. China ahora, gracias a la globalización en general y a la tecnología en particular, es cada vez menos “fábrica donde se fabrica mucho y barato”. Y claro, eso es bueno tambíe para quellos que estamos intentando promover iniciativas basadas en el alcance y no en la escala.. porque nos sentimos como más dentro del mercado.

    Totalmente de acuerdo con abordar esa nueva definición de lo local, en ello estamos y será un placer compartir ideas y reflexiones. Hay palabras como “glocal” que intentan reducir esa tendencia localista, pero no sé si me convencen… quizá haya que cambiar directaemnte de término o quizá directamente empezar a generar proyectos en esa línea y devolverle su valor.

    • Estamos contigo Laura, aunque justo la palabra «glocal» estuvo en el origen de esta deriva, muy ligada a los «antiglobis» que pretendían leer lo «global» a un modo similar al de «internacional» (suma de representaciones) es decir, como opuesto a «transnacional» (que es transversal, ortogonal a lo nacional). Osea pretendían hacer un relato de lo global como una suma de localismos bajo el paraguas de la soberanía alimentaria, el desarrollo local y otras similares, en vez de entender que hay ámbitos no definidos por el cacique local. Y es que a las finales esa es siempre la cuestión ¿qué hacemos con el cacicazgo?

    • ya decía yo que no me cuadraba ese palabro 😉 Pues no lo sé qué hacemos con el cacicazgo, de momento evitarlo al máximo..

    • Por eso el marcharse, como en el poema de Daniel Bellón, es tan importante, es también votar con los pies, forzar a los caciques a disipar sus rentas y aflojar porque si no nos pierden (o no nos atraen, porque como les explicábamos a los ayuntamientos de Zaragoza y Bilbao la clave para el desarrollo de la ciudad y su salud impositiva no es otra que «atraer talento»)

    • Creo que ahí has dado en una cosa importante… ligar el modelo local, la necesidad del orden territorial, con la alta potencialidad a la creación de élites caciquiles, algo que es muy factible en un sistema no despersonalizado. Pero, ¿qué hacemos con él? eso se puede cambiar y más, teniendo en cuenta que aunque sea temporalmente, siempre vas a tener que residir en algún sitio.

    • Yo también estoy contigo, Laura, en prácticamente todo. La re-localizacion suele incluir no la producción masificada sino la búsqueda de otras características [de mercado].

      También comprendo que al imaginar proyectos [que encaminan las cosas a largo], el factor territorial era entendido antes como algo normal y el extenderse era tener el poder de la conquista, pero nada más lejos de la realidad ahora. Sin embargo, el peligro de lo local y lo territorial es siempre el mismo: es una fuente de escasez. Casi todo proyecto territorial influye en todo el entorno, vale, pero no es lo mismo pretender imponer un idioma, costumbre, tradiciones y religión a la población que abrir una incubadora.

      Realmente el hincapié del post si te das cuenta es una cuestión de sensibilidades, el proyecto de cada uno puede ir orientado hacia la búsqueda de un entorno en el que se sienta tranquilo y eso puede ser territorial o nutrirse de la riqueza que da el ver perspectivas de gente en sitios alejados. El problema, es el indigenismo/nacionalismo y la búsqueda de encerrarse en si mismo por miedo, no abrirse y discriminar o caer en esa vieja falacia de la tolerancia del etnocentrismo y como eso puede condicionar a los locales que no tengan la misma sensibilidad.

  3. “¿Habéis entendido lo que es transmaribollera? ¿Sí? Pues ahora os vamos a contar cómo el mundo tiene un punto trans de esos que no encajan donde les quieren hacer encajar…”

    Hoygan, que igual así cuela, hamijos…

    • ahaha! Me encanta. Y mira que el discruso trans cayó mucho en desuso, ese ideal en el que en el mundo todo era un grado de algo dentro de un continuo [como el continuo hombre-mujer] es un poquitin grotesco y al final todos queremos ser progreabiertos tolerantes pero que conservan su identidad “to death”

  4. Me gusta mucho el post, y la reflexión sobre lo local me ha parecido muy interesante. Ligar lo local a “la búsqueda de las relaciones cercanas, la solidaridad, la cooperación y la confianza”, des/-territorializándo/-institucionalizando y, a la vez, rehumanizando el trato, ya sea en un mercado en propia persona o vía Internet atiendo clientes de otras regiones. Marcado el post para releer antes de futuras actualizaciones.

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