La tierra para el que la trabaja

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Autogestión

Mol Matric es una empresa del sector de la automoción, que en 1980, tras meses sin sueldo y un inminente cierre, comenzó una serie de acciones que le llevaron a ser una de las primeras fábricas recuperadas de España. El término autogestión aparece siempre muy cerca en el imaginario colectivo del concepto de fábricas recuperadas y retomadas por sus trabajadores y junto con la experiencia de las fábricas argentinas.

Sin embargo, conseguir mantener los medios de producción de una instalación industrial no es sencillo e implican, generalmente,  la necesidad de una gran inversión. “La ley no les ayuda, los jueces no les ayudan, sobre todo cuando hay grandes inversiones, maquinaria… La mayoría de las veces los trabajadores tienen que empezar de cero” dice Mariana Vilnitzky, de Alternativas Económicas. Sin embargo, la misma revista Alternativas Económicas es una cooperativa de trabajo. Los nuevos ámbitos de trabajo favorecen que cualquier individuo o grupo de personas necesite enfrentarse a unas barreras de entrada mucho más bajas en el mercado.

Unos simples ordenadores permiten realizar una gran parte del trabajo de este “proletariado del conocimiento“, la adaptabilidad de las nuevas máquinas permite que trabajemos cada vez más bajo demanda dando servicios personalizados, únicos, más cercanos al trabajo del artesano y que compiten contra la lógica de la producción en masa.

De esta forma, en Europa encontramos diversas experiencias de empresas en las que sus trabajadores decidieron poseer sus propios medios de producción y luchar para quedarse con las máquinas: Vio.Me en Salónica, Kasova en Estambúl o Ri-Maflow en Milán serían ejemplo de ello. Pero, más interesante todavía es observar como una nueva corriente de autogestión llama a la puerta más allá de como una mera respuesta ante el conflicto laboral, sino como una alternativa de organización.

Nuevos mercados y nuevas redes de intercambio aparecen a partir de entornos deliberativos como el 15M o los Centros Sociales de nuestos barrios. Los grupos se unen para dar servicios y raro es ya no tener cerca una cooperativa de consumo que se preocupa por abastecerse de los productos que realmente desea y que le permite obtener precisamente lo que desea.  Pero son iniciativas a pequeña escala, prácticamente invisibles porque no han querido capturar un discurso y unas masas, sino practicar la autogestión, es decir, solo toman decisiones por si mismos, por las personas implicadas y bajo su propia responsabilidad. Cooperando sin querer imponer su modelo, pero reproduciéndose por la acción y la propaganda por el hecho. Siendo nodos de una red que interactua para organizar soluciones transitorias o permanentes, algo que se diferencia firmemente a querer ser un simple lobby social, marca del activismo de masas y la política profesional.

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Autonomía

Lo cierto es que empleamos el término autogestión en ambientes muy diversos, pero todos implican la búsqueda de no ingerencia, de autonomía. Los sindicatos autogestionarios no buscan financiación estatal para poder ser totalmente independientes y no poder sufrir presiones por su parte y en las empresas autogestionadas el término se emplea para referirnos a cómo desaparece la división de jerarquía entre empleado y empleador gracias a la posesión compartida de los medios de producción.

Desde esta perspectiva, la visión sobre la estructura autogestionada como un método para obtener meros recursos podría parecer una banalización del activismo, sin embargo, el mero cambio en la estructura organizativa supone activismo social a través de una  “[…]transformación de la economía, ya que la política no es más que el reflejo de esta última“. Y sin embargo, no quita, para que estas nuevas estructuras autogestionadas, por su forma enfrentarse a los problemas, estén buscando nuevos modelos de cooperativismo e implicación con su entorno sin perder su propia autonomía.

Decía Foucault que “allí donde hay poder hay resistencias“, por lo que la autogestión no puede ser un para buscarle ciertas formas de contención a una estructura de poder que mimetiza la actual. La autogestión busca autonomía. Puede que uno de los términos a los que más hayan recurrido los diversos grupos por donde hemos pasado ha sido la Autonomía Asamblearia pues un grupo que se considera íntegro y empoderado, no puede permitir que sus decisiones les vengan impuestas desde otro lugar.

Desde una perspectiva política es fácil de entender, no puede haber autogestión si una asamblea que se considera superior quiere decidir tu opinión y capturarte como un número y un nombre, ¿un ejemplo? el intento de Asamblea Popular de Madrid por capturar a asambleas de barrio que estaban sembrando pequeñas experiencias de autogestión a pequeña escala, de esa que no llega a los medios. Desde una perspectiva productiva, la autonomía se pierde en el momento en el que no tienes capacidad para elegir que produces, o al menos, para negarte. Por ello carecen de autonomía las cooperativas en los sistemas planificados; y por ello mismo, las estructuras democráticas suelen tender a buscar mercados en los que se sienten que, mientras intercambian bienes y servicios, sienten que están cooperando. Como decían en una entrevista reciente miembros de la cooperativa informática Projecte Ictineo:

“En el mundo de las cooperativas hay una premisa: intentar trabajar con otras cooperativas. Las que buscan que hagas una web o lo que sea…”

¿Cooperativas informáticas? ¡Sí, se puede!, CGT Coordinadora de Informática

Se trata entonces de buscar la libertad por diseño, empresas con estructuras internas libres, y libres en el exterior: autónomas.

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Activismo de mercado

Una de mis  definiciones preferidas de activismo de mercado es que supone el diseño y comercialización de productos con el ánimo de difundir y transmitir ideas y valores. Sin embargo, algunas de las empresas cooperativas con las que hemos ejemplificado, siguen ofreciendo servicios convencionales a los mercados habituales. Pese a ello, introducen en el mercado de forma tangencial dinámicas particulares que les permiten ser una herramienta de revitalización para su entorno y tener unas dinámicas que permiten una mayor implicación tanto con los miembros dentro de la cooperativa, como fuera de la misma.

Pese a ello, el activismo de mercado podría llegar a ir mucho más allá, pues para asegurar que la tierra no solo sea del que la trabaja, si no que este trabajo no esté inserto en dinámicas que nos disgustan, el ataque económico es clave para cambiar la forma de relacionarnos, pues somos o estamos muy influenciados por qué consumimos, a quién se lo compramos y qué producimos. Recientemente, Peter Sunde, en la carcel por crear The Pirate Bay, reconocía lo imprescindible de esta acción económica para cambiar nuestro entorno, pues la introducción de nuevas formas de interactuar puede arrastrar cambios y hábitos. Algo que los parlamentos y los estados solo pueden hacer de forma muy lenta por culpa de su gran inercia:

“Como activistas y emprendedores, necesitamos desafiar a los monopolios. Necesitamos construir una red social Pirata que sea interoperable con Facebook. O crear la competencia para los pequeños monopolios antes de que sean comprados por los grandes actores del sector. El activismo político […] es importante, pero necesita ser combinado con cambios económicos.”

Peter Sunde, entrevistado por  Julia Reda: “I visited Pirate Bay’s Peter Sunde in prison, this is what he had to say

La autonomía sobre la capacidad productiva y un compromiso con el entorno nos lleva a generar productos que, de por si, implican un cambio social. En una entrevista ofrecida recientemente por un trabajador de la cementera griega Vio. Me quedaba bien claro como, con poder y mercado se pueden introducir productos que cambian la filosofía de nuestro alrededor:

“La producción en gran medida ha cambiado. Ahora tenemos una filosofía nueva, producimos productos que no dañan al medio ambiente y no contaminan ni dejan residuos. Además es una producción que podemos financiar nosotros mismos y podemos tener un producto asequible a las familias de trabajadores. Tuvimos problemas a la hora de distribuir el producto ya que nuestra filosofía es que el producto sea accesible y necesitamos vender mucho volumen. Resultó muy difícil distribuirlo de manera informal. La clave para sobrepasar estos problemas fue el movimiento de solidaridad que encontraron los contactos y distribuyeron el producto.”

Makis Anagnostou de Vio.me, entrevistado por J.Benitez: “No había ningún marco legal para regular nuestra actividad

Y eso, aunque ello implique en ocasiones la cárcel, como en el caso de Sunde, o tener que recurrir a mercados negros, que no dejan de ser aquellos en los que se mueve un producto autónomo, no regulado por una asamblea superior estatal.

Imágenes. Camera del Laboro Precario e Autonomo, fuente:  clap-info.net. Calafou, Fuente: CIC.  El Grupo S.Coop.And. Fuente: Energías Renovadas

Entrada publicada originalmente en Activismo de Mercado

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