La propiedad de los medios de producción (de dinero)

(…) [N]o hay un significado fundamental del dinero o del intercambio monetario. En cambio, el significado del dinero es una construcción social contingente. En ausencia de objeciones no-semióticas a los mercados, el significado social del dinero, de los mercados y de la mercantilización es relativa, no absoluta.

Jason Brennan, The meaning of money. Bleeding Heart Libertarians

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En torno al debate de la situación griega, diversas posturas políticas salen a la palestra y una de las más habituales entre los círculos de la izquierda es la necesidad de unas políticas monetarias y fiscales concretas, que actualmente están impedidas por la ausencia de soberanía de los bancos nacionales, cedida al Banco Central Europeo y a su “independencia política”, que lo convierte en un instrumento que pretende regular la moneda para establecer una inflación lo más próxima al 2% como axioma de funcionamiento del sistema.

Por ello no es de extrañar, que en determinados colectivos incluidos dentro de Syriza hayan surgido voces que quieren que el país imprima moneda. Los bancos nacionales de cada país de la Eurozona tienen capacidad de imprimir euros. Una de estas propuestas supone la desobediencia a estos límites en cuanto a la cantidad de euros a imprimir y aumentar la liquidez del país usando la impresora dineraria -y afectando a toda la zona euro-.

No pretendo entrar en el tema sobre si la “producción de dinero” se realiza así en la actualidad o el debate en torno a distintas perspectivas con respecto a las políticas monetarias y fiscales. Pero sí evidenciar que gran parte de la soberanía de una institución recae sobre la capacidad para decidir sobre la herramienta de intercambio que emplea. Y para un Estado, parte de su soberanía recae sobre la capacidad para decidir sobre la producción de dinero.

De ahí por ejemplo los artículos que enlazábamos el otro día en los que Yanis Varoufakis hablaba del peligro de Bitcoin como una moneda “apolítica”. Obviamente, apolítico dentro de los márgenes del estatismo supone que el control de la moneda está fuera de su campo de actuación, y es político y gobernado si existe un control encauzado a través de ese paradigma llamado democracia representativa, que construye unas vías de supuesta legitimidad para la toma de decisiones del gobierno en un Estado, y por tanto quiere transmitir la idea de que mantiene unos márgenes de legitimidad para toda la población bajo su manto. La moneda es política porque el Estado es el único capaz de hacer políticas monetarias.

Y precisamente es ahí donde radica nuestro interés por el Bitcoin y sus derivados. Nosotros que queremos transferir la soberanía del estado al individuo, creemos que es importante cambiar la relación y el compromiso que tenemos hacia las divisas que empleamos. Por tanto nos parece interesante transmitir la posibilidad de crear dinero que actualmente tienen los Estados y los bancos a toda la ciudadanía.

Las distintas monedas libres, privadas y criptomonedas permiten nuevas formas de acercamiento a la creación de divisa. Por eso estos días hemos estado debatiendo en torno a eso que hemos llamado “activismo monetario” como contraposición a la política monetaria, que parece propiedad de determinadas instituciones estatales y supra-estatales.

Alejándonos de las dificultades técnicas del protocolo, Bitcoin transfiere la acuñación de moneda a los usuarios mediante un sistema de “prueba de trabajo”. De forma simultánea se crea y distribuye la moneda mientras se recompensa a los usuarios (mineros) que hacen posible que la red funcione de forma distribuida, sin elementos centralizadores. Son los “mineros” los que dan infraestructura para los pagos mientras supervisan que no haya duplicidades ni falsificaciones. El protocolo tiene algunos problemas y puntos débiles, pues aparecieron de cárteles mineros (las pools) que dejaron de ser simples “sindicatos” de trabajadores por el mantenimiento de la red para tener demasiado poder sobre la moneda, haciendo incluso peligrar su fiabilidad. Además, existe un número máximo de bitcoins pre-programado, que llevará a un sistema deflacionario y otras ideas que habréis oído.

Algunas de estas cuestiones pueden gustarnos más o menos, para mí, lo interesante no es un debate sobre si “Bitcoin sí o no”, si no cómo diversas monedas están ensayando modelos para la creación y distribución de la divisa, la riqueza y los recursos, mientras establecen el campo para la experimentación en cuanto a las políticas monetarias a su alrededor en función de cómo quieren organizar a la comunidad en torno a ella, la idiosincrasia de sus usuarios o su finalidad. Y sobre todo, la posibilidad de tomar partido activamente. Y puede que no fuera la primera divisa digital , pero tiene una gran característica de su parte: es open-source y por tanto permite crear derivados a partir de ella.

Volviendo al tema de Grecia, durante un encuentro en Londres la semana pasada, Andreas M. Antonopoulos, una de esas personas que conocen muy bien tanto la tecnología como el ecosistema de Bitcoin, habló extensivamente de las relaciones entre Grecia y el Bitcoin dada su procedencia familiar griega durante los primeros minutos de la charla. Y me gustaría seguir algunas de las ideas del vídeo que creo encajan muy bien en el debate sobre la necesidad de plantearnos si entrar al juego de luchar en el campo de las divisas.

La verdad es que cuando intentamos definir qué es dinero, se suelen emplear tres cualidades básicas: ser unidad de cuenta, depósito de valor y medio de intercambio. Como bien apunta Antonopoulos en la charla durante los primeros minutos, la volatilidad marca la vida reciente de Bitcoin, y le predice nuevas explosiones y caídas como lo ocurrido tras el rescate de Chipre y movimientos en China. Pero bueno, ninguna divisa cumple perfectamente las tres opciones y ni euro, ni dolar, ni rublo mantienen sus valores. Así que tampoco vamos a decir que Bitcoin sea divisa porque no es “dinero perfecto” actualmente según el modelo, porque ninguna moneda lo es.

En el Bitcoin, uno de los problemas es estar abierto a un acceso global y sencillo, con voluntad universal, pero con una capitalización de solo 4.400 millones de dólares, lo cual le hace ser demasiado volátil, en manos de cualquier inversor de la gran industria financiera su valor se puede ver manipulado. El propio Antonopoulos reconoce en el vídeo que invertir en Bitcoin es una mala idea. Cuando hace tiempo Juanjo Pina hablaba del Osel, un proyecto de divisa digital murciana, estabamos hablando quizá de una herramienta que restringe, pero su interés solo local y sus voluntades no universales la hacen menos proclives -por ser menos accesible, pero también menos interesante- a este tipo de ataques financieros. Pero claro, esa misma cualidad la hace menos potente. Y la estructura centralizada de la mayor parte de las monedas locales, y su voluntad totalizadora sobre el territorio, hace que sean interesantes durante las primeras etapas de su funcionamiento, mientras todavía sean un instrumento en el que se funcione en gran medida por confianza personal y con transparencia, pero que puedan llegar a ser capturadas rápidamente, o a adquirir comportamientos institucionalizados poco interesantes (y avanzar hacia lo que podríamos llamar una fiatización).

La aparición de las criptomonedas hace que peligre el centralismo y el control de los estados sobre los intercambios de sus ciudadanos. La competencia de monedas no es algo nuevo, al contrario, es habitual en la Historia. Pero si queremos ver el miedo de un Estado a perder el control sobre estos intercambios no hay más que ver el control cambiario de Venezuela, o los fuertes controles aduaneros a la importación de divisa en Argentina, que llevan a un importante mercado negro de dolares (el dólar blue). Por ese mismo miedo, la estrategia contra las criptomonedas es la propaganda, la asimilación de las mismas como una herramienta de “terroristas, pedófilos y narcotraficantes”. El caso que veíamos el otro día de los kovols de Mikhail Shlyapnikov que suponen la persecución a los que acuñen su moneda en Rusia. Curiosamente en Reino Unido la estructura puede ser de intento de captura.

Pero sin embargo en el presente, la moneda y la bancarización tal y como la conocemos, la convierte en una estructura de control. Apunta Antonopoulos en el vídeo que las obligaciones de control y espionaje a las que están sometidas las cuentas bancarias en Europa, relacionadas con el control de identidad, el Know Your Customer (KNC, Conoce a Tu Cliente) y las leyes anti-“blanqueo” hacen que sea difícil llevar al mainstream el Bitcoin, pero no sirven para evitar lo pretenden los estados, sino para controlar a los que “no tienen nada que ocultar”.

Al final, la decisión debe de ser particular y tendremos que elegir cómo queremos proteger cada uno nuestros recursos, precisamente, por esa voluntad activista y para ayudar a aquellos que así lo estimen oportuno, Entropy Factory colocaron un cajero de Bitcoin en Grecia aprovechando el vendaval. Porque lo que buscamos con el activismo monetario es que podamos encontrar las herramientas que estimamos más importantes en cada momento.

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Para finalizar, me gustaría coger al vuelo uno de los usos de Bitcoin que Antonopoulos marca como más interesantes en el vídeo para debatir sobre otro tema. En concreto hablo de las remesas de dinero de los emigrantes a sus países de origen. Las transferencias internacionales son uno de los grandes lastres en estos casos y en Bitcoin estas comisiones se ven muy disminuidas, y son indiferentes del país (aunque algunos como Amir Taaki predicen que las comisiones en Bitcoin llegarán a ser mayores que con las tarjetas de crédito).

Una de las herramientas diseñadas para el envío de remesas es Bit-Pesa, que emplea Bitcoin como intermediario para enviar dinero a Kenia (y otros países africanos), que es recibido en carteras de M-Pesa y Airtel Money, ampliamente utilizadas por la población local. El primero es un sistema de transferencia de dinero de la compañía keniata Safaricom y el segundo, como su nombre indica, de la rama local Bharti-Airtel; ambas importantes compañias de telecomunicaciones móviles locales. El sistema es simple y funciona extensivamente básicamente gracias a que se puede recargar y enviar con la moneda local en una gran red de establecimientos y para tener una cartera solo hace falta un teléfono movil clásico: vía SMS.

En una sociedad como la africana que no ha pasado por el modelo de banca occidental y que está escasamente bancarizada, no solo es un sistema de transferencia de la divisa local, sino que se acaba convirtiendo en un punto a medio camino entre un servicio financiero y una divisa digital de facto (hasta para el pago de impuestos). Y no paran de aparecer iniciativas similares competidoras, o en países vecinos, o por parte de los bancos locales, que intentan proveer de un servicio que la población demanda.

Algunos grandes bancos ya comienzan a comprender que esta población no realizará una bancarización pasando por sus servicios para luego ir a la divisa digital, sino que la historia y el progreso se demostrarán no lineales. Mientras tanto, Google, Facebook y Apple intentan lanzar sus wallets con similares motivos.

¿A dónde me dirijo? Puede que haya un cambio en los dueños de nuestros bancos. La posición oligopolística en la que el dinero es controlado por grandes instituciones puede no cambiar y símplemente haber una transferencia del control de los Estados y bancos tradicionales a grandes compañías de telecomunicaciones y las proveedoras de servicios on-line. Pero sus estructuras, y nuestra capacidad de soberanía puede ser la misma que la que tenemos ahora.

Por ello, creo que es por lo que no debemos tener miedo de considerar introducir a la moneda en nuestro activismo diario. En todas sus vertientes. Si seguimos considerándolo algo secundario, cambiarán los nombres, pero la seguiremos teniendo poca soberanía. Por otro lado, creo que cada vez usaremos menos divisa en efectivo, y esta situación nos abre una vía privilegiada para la experimentación con las divisas digitales, que nos permiten cambiar plenamente las estructuras de poder y las topologías que las soportan. ¿Mi apuesta personal?, de momento, está muy cercana en el desarrollo de monedas abiertas, totalmente descentralizadas y programables.

Este artículo fue publicado originalmente en Activismo de Mercado

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