“La extinción de la democracia en Europa”

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La situación adversa que le está atravesando el modelo y las acciones de Syriza, probablemente no vaya a hacer cambiar de forma de los firmes defensores de la necesidad de tener un Estado-nación fuerte (o una patria) como forma de establecer nuestras relaciones con el entorno.

Sin embargo, como evidencia un artículo de Theodoros Karyotis publicado en Diagonal, si que puede volver a convencer a aquellos “desmovilizados” que aceptaron el paso a una determinada “conquista de las instituciones” podría ser útil para la construcción de unos intereses políticos que realmente se alejaban las posturas de los movimientos autónomos que quieren derivar hacia la descentralización absoluta y la toma de nuestra soberanía personal.

Syriza ha sido un agente de desmovilización, poniendo fin a la crisis de legitimación que dio un papel protagonista a la creatividad social y la autodeterminación de los movimientos, y ha promovido la institucionalización de las luchas, la marginación de las demandas que no encajaban con su proyecto de gestión estatal, y la restitución de la lógica de la representación y delegación política, que promovió la inacción y la complacencia. (…)

La percepción de pérdida del poder político sobre su propia vida está haciendo que muchos europeos den un giro hacia partidos xenófobos y reaccionarios que prometen un retorno al Estado-Nación autoritario. La izquierda europea mira con perplejidad como sus esperanzas de una UE basada en la solidaridad y la justicia social se desvanecen junto con los esfuerzos de Syriza de negociar una salida humana de la crisis de la deuda griega.

Es el momento oportuno para que una amplia alianza de fuerzas sociales lleve adelante un “Plan C”, basado en la colaboración social, el autogobierno descentralizado y la administración de los bienes comunes. Sin pasar por alto su importancia, la política electoral nacional no es el campo privilegiado de acción cuando se trata de la transformación social.

La extinción de la democracia en Europa debe complementarse por el fortalecimiento de las comunidades auto-organizadas a nivel local y el establecimiento de fuertes lazos entre ellos, junto con un giro hacia una economía basada en la solidaridad y las necesidades humanas, y la gestión y defensa colectiva de los bienes comunes. El contrapoder social de los oprimidos debe enfrentar el poder social del capital directamente en su espacio privilegiado: la vida cotidiana”

Theodoros Karyotis. Syriza se ha rendido, es el momento de reforzar las resistencias populares. Diagonal (negritas mías)

Aunque Karyotis siempre ha sido crítico ante el auge de Syriza y plantea la necesidad de buscar un modelo que supere la gestión estatal, en los últimos meses me pareció entrever en él cierto discurso que permeaba la necesidad de una sumisión de los movimientos sociales al programa de la izquierda estatista como medida de presión. Eso que gustan en llamar “unidad popular”. Lo cierto no todo es Syriza en Grecia y hay un interesante ecosistema que favorece las estructuras autónomas y autogestionadas como forma de proveer servicios de forma alejada de los cauces del imperativo estatal y como forma de organización laboral. Y sería una pena que fuese fagocitado por las rigideces de la burocracia.

De hecho, si uno de los mayores enemigos del sistema de salud no-estatal surgido en los últimos años han sido algunos sectores de Syriza, hechos como los de estas semanas pueden llevar a replantearse a muchos activistas la necesidad de volver a abrir los ojos y volver a las luchas por la descentralización.

Pero también nosotros. Hay que plantearnos todos de nuevo la relación con el Estado-nación, al que podemos llamar en su modelo actual democracia representativa, o que algunas como Esperanza Aguirre llaman “democracia sin adjetivos”, pero que no es otro que el sistema de poder bajo el que nos ha tocado vivir. Por eso, opinar en su contra, puede llegar a ser peligroso, tan peligroso como el siguiente fragmento:

La libre asociación en la que dice fundamentarse [la democracia] no es tal, ya que desde que nacemos estamos obligadas a pertenecer a este régimen sin posibilidad de elegir otra forma de vida, no nos asociamos libremente con las instituciones de enseñanza ya que no es legal aprender de otra manera, ni nos asociamos libremente al trabajo porque no controlamos lo que producimos, ni consensuamos el horario, ni tenemos capacidad para organizarnos con los compañeros y compañeras.
[…]
La democracia se basa, en un principio, en la adopción de una manera colectiva de tomar decisiones, de elegir gobiernos y de regular sociedades. Esto no es nada nuevo. Desde tiempos prehistóricos aparecen consejos, reuniones locales y asambleas en las tribus humanas para decidir lo que atañe al conjunto de sus componentes. Incluso en las épocas más arcaicas de la monarquía, el rey no podía tomar decisiones alegremente sin, como mínimo, consultarlas con algún tipo de consejo (ya fuera militar, de sabios, de jefes familiares o de clan, etc.) y siempre debía respetar una tradición. Lo que cambia de unas formas de decidir a otras, además de la nada baladí aparición y progresiva institucionalización de la Autoridad, es el grado de sistematización y organización de dicha autoridad.
Grupos Anarquistas Coordinados. Contra la democracia (Resaltado mío)
¿Estamos llegando a la extinción de este sistema de poder? Para que se extinga es necesario que los individuos salgan de su sometimiento al mismo, y se planteen cómo quieren pasar a gestionar sus recursos, su vida, las externalidades y la forma de relacionarse con su entorno. Como se plantea el teórico del poscolonialismo Achille Mbebe
¿[C]ómo se lleva a cabo la lucha para la concentración de medios del poder de coacción […], y en qué condiciones permitirá construir un poder político sobre los escombros del que le precedió? ¿Qué otras condiciones amenazan con desembocar en el fracaso mismo del Estado como tecnología general de dominación, y qué otros dispositivos y organizaciones tomarán su relevo?
Achille Mbebe. Sobre el gobierno privado indirecto. En castellano, incluido en Necropolítica. (Resaltado mío)

Y más aún, es posible enfrentarse a esta concentración de poder de la que habla Mbebe. Quizá. Por eso resulta interesante escuchar las diferentes propuestas de organización que nos tenemos que plantear de aquí en adelante y que nos permitan generar la autonomía que necesitamos mientras buscamos un las estructuras que nos confieren tranquilidad y seguridad.

Pero para que la seguridad no aplaste esa autonomía que parece que perseguimos, tenemos que plantearnos también si cómo compartir nuestro espacio, si vamos a tener que compartir nuestro futuro obligatoriamente con nuestro vecino mediante una ley de mayorías o cada uno puede elegir bajo que modelo de coordinación quiere estar.

Por eso me resulta interesante la propuesta de Susanne Tarkowski Tempelhof en la siguiente charla en un TEDx, en el que plantea que cada uno de nosotros debería de ser capaz de elegir con quién se alía y quién le provee los servicios que le dan esa seguridad y esa “gobernanza”. Que no es otra cosa que la libre asociación de la que nos hablaban en “Contra la democracia”. Algo que algunos llaman cooperación, otros diversidad, y otros mercado:

Pero poder elegir nuestros sistemas de cooperación a nivel autónomo, personal o colectivamente, nos abre la necesidad de plantearnos la continuidad del territorio. Pensar sobre si el monopolio territorial de la gestión es siquiera lógico. Replantearnos lo local, lo que sentimos cercano, que en ocasiones y para determinadas cuestiones puede variar geográficamente o no ser rígido, sino fluido.

Creo que para poder favorecer el cambio de nuestro entorno y prepararnos para esa “extinción de la democracia”, necesitamos rodearnos de activistas e innovadores. De gente capaz de plantearse su entorno y enfrentarse a los problemas. Y comenzar a empoderar el conjunto de las dinámicas, costumbres y discursos que constituyen las ecologías activistas de las que formamos parte.

Ese entorno nuestro, que generalmente asociamos como local, y que algunos queremos potenciar en ese sentido, cobra nuevo sentido actualmente. Ya, para muchos de nosotros, lo local, aquello con lo que tenemos contacto todos los días, no siempre está en las distancias cortas sino en los tiempos cortos. En las relaciones de alta confianza e inmediatas que nos unen aunque en la práctica la distancia no sea pequeña.

Como leí en un post sobre Silk Road hace días:

“En la misma semana, recibí una onza de hongos psicodélicos de Oregón, un cuarto de libra de una magnífica marihuana de Canadá disfrazada de huevos en polvo […] y cristales de MDMA del tamaño de un pulgar desde Holanda. […]

Detrás, estaría un chaval que probablemente vive en Holanda y tu estás en Florida […] pero te puedes sentir seguro y estas convencido de que lo que cada persona está encontrando es lo que refleja su propia personalidad […]

Es lo nü-local.

Chase Hoffberge. In Defense of Silk Road

Me gustaría poder darle un nombre a esa nueva cercanía, a ese nuevo local, pero no me gusta generar nuevas definiciones. Aunque sería cómodo. Nü-local, traslocal, postlocal. No lo sé, tampoco le doy mucha importancia. Lo que sí que es cierto es que si estamos dispuestos a actuar sobre las cosas que nos rodean, es hora de plantearse la confianza en las soluciones pasadas, y buscar nuevas vías para la política, o el activismo, o el emprendimiento, o cómo le quieras llamar tú.

Entrada publicada originalmente en Activismo de Mercado

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