La desobediencia y el mercado negro pueden ser maravillosos

Dallas Buyers Club abrió la puerta hace tan solo dos años a que una parte de la población fuese capaz de ver cómo la ilegalidad y enfrentarse a las regulaciones puede tener un significado profundamente ético. Para los que no la hayáis podido ver, el filme narra la historia de un vaquero infectado por el VIH descubre que el único tratamiento no está todavía aceptado por las autoridades sanitarias estadounidenses. Nuestro protagonista, no solo importó “ilegalmente” desde México el medicamento, sino que consiguió establecer una pequeña vía de distribución y sustento personal que, lejos de cualquier debate sobre el lucro, era claramente una vía de cooperación y apoyo a otros en su misma situación.

Ayer veíamos otra historia de esas que hacen plantearse la situación actual del mercado y cuáles son los métodos de producción industrial del presente, en concreto en algunas industrias tan sensibles como la industria farmacéutica. Una farmacéutica que recientemente había sido financiada, Turing Pharmaceuticals LLC, entre la avaricia, el tipo de iniciativas que pueden surgir de una empresa dirigida por un antiguo ejecutivo de un fondo de inversión y la necesidad de una campaña de marketing, adquirió en agosto la licencia para distribuir un medicamento llamado Daraprim e incrementar su precio de los 13 a los 750 dólares.

El medicamento, un producto descubierto hace 62 años sirve para tratar las infecciones por Toxoplasmosis, con un fuerte impacto en la población con SIDA y otros grupos de riesgo como los enfermos de cáncer y las embarazadas. Sin conocer el volumen de mercado o la dificultad para acceder al mismo, lo primero que cualquiera de nosotros siente es impotencia.

Pero sin embargo esta mañana Iman Mirbioki anunciaba que, a través de Bitnation Space Agency distribuiría el medicamento por un precio irrisorio, ético pero adecuado al mercado. Su objetivo es inundar el mercado de medicamentos sin licencia:

Mientras otros veíamos con impotencia la noticia, estos activistas han decidido atacar en la más interesante de las líneas: no la de la regulación, sino la del mercado. Obviando las restricciones monopolísticas del entramado legal, atacando la forma de producción industrial contemporánea y convirtiéndola en inservible.

Es decir, trabajando en un punto entre la desobediencia y el mercado negro, han encontrado un productor capaz de fabricar el producto en India, sin tener en cuenta las restricciones de propiedad intelectual impuestas por las regulaciones estatales y corporativas occidentales.

BSA tendrá que retrasar el lanzamiento de algunas de sus misiones aeroespaciales para llevar a cabo este proyecto. Volveremos a ellos porque su intento de crear una agencia de investigación en el sector aeroespacial es muy intersante, pero hoy, coincidimos con ellos en que introducir desobedientemente en el mercado productos que pueden ayudar a mucha gente, tiene ciertas preferencias.

No sé si esto es Activismo de Mercado, pues estamos hablando de una medida de excepción, pero pero a mi me parece que se acerca mucho.

Entrada publicada originalmente en Activismo de Mercado

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