En un garaje de mi barrio

Lo que sustenta a una práctica emprendedora es una ecología formada por saberes, trabajo y riqueza social producida colectivamente. Estas ecologías dependen de variables territoriales, históricas y comunitarias que producen cuencas creativas más o menos densas. Ese es el combustible de la práctica emprendedora. En el mito del garaje, toda esa acumulación originaria queda completamente invisibilizada. Este tipo de camuflajes son típicos de los ciclos capitalistas, incluido su capítulo fundacional, cuya acumulación primitiva fue ignorada por los economistas liberales clásicos. Señalar esta realidad no busca desmerecer el ejercicio emprendedor, más bien, busca reconocer y comprometerse de manera radical con la potencia originaria que lo hace posible. Si se quieren producir otros tipos de riqueza que sostengan dignamente nuestras vidas, debemos quebrantar esos dispositivos de invisibilización y captura.

Ese debería ser el primer paso para producir una empresa de otro cuño, una comprometida con los cimientos sociales sobre los que se sostiene. Más que entender esa acumulación como mero capital fijo, debería entenderse como el espacio donde invertir tiempo y recursos para hacerlo más robusto. Es en ese sentido que entendemos que una empresa cooperativa es un dispositivo de intervención política, que no solo reconoce y visibiliza esa riqueza social sino que invierte radicalmente su relación para imbricarse positivamente en ella. No subsumir o cercar la riqueza social, sino formar parte de sus engranajes.

Una hidra emprendedora con mil cabezas
La Hidra Cooperativa

La innovación, la creación y el cambio surgen, generalmente, en entornos de afinidad y espacios compartidos donde, por una curiosidad (hiper)espacio-temporal, coinciden una serie de personas, con ideas y acciones que se retroalimentan.

Por eso el mito de la creación en el garaje necesita ser entendido dentro de su contexto, en la importancia de estar rodeado de un ecosistema innovador, activista y creativo. Luchador o con ideas para el cambio. Capaz de visibilizar problemas y con voluntad para actuar sobre la realidad.

Por eso es una reflexión interesante plantearse si un proceso productivo radical y activista debería ser aquel que actúa tanto sobre el bienestar del colectivo creador (empresa, emprendedor, colectivo, asociación, etc.), como en la riqueza social de su entorno, pero también, en favorecer que exista y fortalecer todos los aspectos de la ecología concreta que le ha llevado hasta ese punto. Más aún, conviene preguntarnos si al cambiar nuestra forma de relacionarnos con los que nos rodean no actuamos directamente cuidando nuestro entorno y generando un ecosistema rico, luchador, bullicioso y crítico.

3 críticas en “En un garaje de mi barrio

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