Crowdfunding científico, minería y telescopios espaciales de uso público

arkyd-100-prototypeUn telescopio espacial -aquellos que están no en tierra, sino en el espacio- es un espécimen que no abunda. Difícil de encontrar, ligado a las misiones exploratorias de las grandes agencias espaciales gubernamentales, de grandes dimensiones y ante todo, de difícil acceso. Las posibilidades para un científico de conseguir que se realice la observación que necesita son altamente complicadas y llevan detrás un proceso largo y burocrático.

Por ello ayer sorprendió el anuncio de esa extraña empresa llamada Planetary Resources de desplegar un pequeño telescopio espacial -con una potencia de 50W- que pueda ser usado de forma comercial por centros educativos e investigadores. La campaña de crowdfunding lleva recaudado en 24h más de 450.000 dólares.

El salto de proyectos espaciales a esta vía de financiamiento no es algo nuevo, pero lo peculiar es el hecho de que se haya planificado una red de pequeños satélites con el objetivo de alquilar de ventanas de observación por parte de individuos que pueden ir del astrónomo amateur al científico y el estudiante. Sistemas que pueden ser empleados como sustitutivo de los grandes telescopios -salvando las distancias- . El Arkyd, así se llama el pequeño aparatejo, puede reducir las barreras de entrada a información necesaria para determinadas investigaciones con menores escalas, medios o contactos y destruir la barrera académica entre estudiar e investigar.

Si el financiamiento de obras públicas por parte de los interesados no parece algo ya tan distante ni imposible y la ciencia también recurre a estos métodos en otros campos,  el espacio, último símbolo de la confrontación entre gigantes durante la Guerra Fría y de las escalas imposibles se acerca a que las comunidades de investigación y la ciencia por iniciativa privada y a escala hacker sean cada vez más factibles.

En un momento en el que la “moda” pasa por la compra-venta de imágenes de la terrestres, y la astronomía es vista como una ciencia básica, pero el hype espacial es capaz de demostrar que hasta la ciencia más básica puede encontrar medios para auto-financiarse y conseguir herramientas.

Además, financiarse de esta forma presupone, ante todo, no perder el sesgo de visión de las necesidades del usuario, el financiador discierne entre su propia necesidad o requerimientos para el sistema. Un proyecto no “útil” -o lo que quiera que signifique eso para cada uno- no se financia. Burbujas de la moda del crowdfunding aparte.

Pero la aventura es siniestra, la posibilidad de que el pequeño financiador no técnico reciba una foto de si mismo mostrado en una pantallita del satélite mientras vuela podría verse como una banalidad o una magnífica campaña marketinera que puede ser visa como la nueva tienda de recuerdos de los museos. De hecho, la propia empresa, con financiadores de la talla de Larry Page o James Cameron no debería de necesitar de este tipo de fuegos artificiales.

La aventura de esta gente es, ante todo, pintoresca. La idea de usar sistemas construidos por la industria privada espacial, extendidos y de bajo coste –lowcost categoría espacio, que conste- para poder capturar asteroides y poder explotar sus recursos mineros suena a sci-fi dura, pero también a ser la plataforma perfecta para que empresas grandes y comerciales del espacio, cuyo único trasfondo hasta la fecha prácticamente es externalizar la producción espacial para las agencias gubernamentales, pongan su foto como financiadores de un proyecto puramente comercial en una campaña vistosa.

La posibilidad de explotar comercialmente recursos en el espacio no solo daría viabilidad a la exploración planetaria, sino que aumentaría mucho el conocimiento real sobre los cuerpos que nos rodean. No se aprendió todo lo que se sabe del petróleo mirándolo y respetándolo, se estudió porque era, ante todo, potencialmente empleable. La exploración, como cinco siglos atrás, vuelve a estar motivada por la minería.

Pero es cierto que tras lo oscuro que pueda parecer. PR me llamó la atención hace un tiempo por tener un discurso interesante, plagado de ética hacker y de ganas de trabajar en algo que les interesa y que resumen de una forma agradable en las advertencias que hacen  a aquel bombardeador con CVs que busca un trabajo convencional:

  1. We are finding new ways to explore space beyond Earth orbit.
  2. We are a growing business with incredible people who are dedicated to Planetary Resources’ long-term objectives.
  3. Like all small businesses, we are a family. We love our team and what we do.
  4. You will get your hands dirty. If you prefer your hands clean, go somewhere else.
  5. We have a grill. We are not afraid to use it.
  6. Seattle, Washington. Ok, so it rains. It’s gorgeous, and anyone who says otherwise is from California.
  7. Bottom line – we build spaceships and explore asteroids. If you need any other motivation to apply, don’t bother.

Y también:

We like people who don’t wait for “just the right” opportunity, or ask permission to create, innovate, design and LEARN.  Your living room might be your laboratory; your garage might be your basecamp for many journeys of exploration and discovery; your desk is the site of deep research into your future endeavors.

Ser pequeño, la voluntad de serlo y la necesidad de ser multidisciplinar son atrayentes. Aunque puede que simplemente haya detrás un neo-californianismo ramplón cargado de start-ups.

Pero, ¿se puede seguir siendo pequeño con gente como SpaceX o Virgin? ¿Puede una empresa pequeña que maneja gran cantidad de conocimiento integrar grandes sistemas y mantenerse autónoma? ¿Tener grandes financiadores se convierte en un dilema?  Cuestiones oscuras hay detrás de este caso concreto con respecto a su “fundación” hace un año y de cómo esta simplemente es un cambio de nombre cuando llegaron los inversores y entró Peter Diamandis en el asunto.

Quizá PR no sea la solución, quizá sea un pequeño ejemplo más de la vieja industria, pero empieza a vislumbrar futuros interesantes que vistos desde una perspectiva astronáutica, muestran a la vieja industria espacial que, una vez alcanzada su madurez,  ahora es capaz de buscarle un uso comercial a la exploración planetaria.

Pero más allá y más interesante se ve emerger un modelo donde pequeños equipos multidisciplinares aportarán gran valor añadido a proyectos de muy largo alcance y como el dilema entre ciencia básica y tecnología se diluye en una ética hacker del trabajo y en la búsqueda de soluciones imaginativas en medio de una competencia basada en la innovación perpetua y no en las restricciones puestas a las ideas cuando la barrera del acceso a la tecnología se disipa.

La próxima vez, prometo buscar ejemplos sin naves espaciales.

10 críticas en “Crowdfunding científico, minería y telescopios espaciales de uso público

  1. ¡Me gustan los ejemplos de naves espaciales! Y creo que el último párrafo da totalmente en el clavo. Lo anterior, si la forma de esta empresa o la otra o si mucha financiación hará perder la autonomía o… lo iremos viendo poco a poco, equivocándonos a veces. Lo que necesitamos es, como haces en este post, recopilar una variedad de ejemplos para ir adaptándolos a cada caso. O bueno, eso es lo que queremos pensar en arrsa ahora que nos encontramos con dilemas sobre formas jurídicas empresariales (salvando las distancias).
    Pero lo mismo leo en el post de los 10 años de worprdess o en la historia de lasindias que reencontraba hace poco.

    • Sí, en efecto el que esta sea pueda ser una campaña propagandística de “Google Space” me es menos relevante que el cambio que se puede estar dando en la forma de trabajar de las industrias y como la reducción de la escala puede cumplir no solo con las necesidades cada vez más específicas de cada usuario, sino también cómo la ciencia es humanizable más allá de las meras instituciónes investigadoras clásicas .

      Ya se verá. Dentro de unos años, volveremos a estos posts y quién sabe qué cosas nos sorprenderán.

    • Y es que necesitamos ese enganche: localizar a los que están experimentando el cambio de escala de manera positiva aunque sea desde marcos distintos a los nuestros. Porque puede que no crean lo mismo que nosotros, pero experimentan dentro de un marco que les acerca a ello.

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