Cartógrafos en una época de geotectólogos

¿Cuál sería nuestra visión de lo que nos rodea si no hubiésemos tenido un mapa? Nuestra percepción del entorno está condicionada altamente por cómo nos lo imaginamos, dónde y cómo ubicamos cada uno de sus elementos y sus formas.  Los métodos cartográficos ha evolucionado y mejorado, hasta el punto en que creemos que podemos posicionarnos correctamente en cualquier lugar del globo y que no queda lugar del cual tengamos incertidumbre ante su forma, posición y orografía. Vemos e imaginamos lo que nos han enseñado dibujado reiteradas veces.

La vida antes de nuestra actual percepción “universal” y “única” del mundo tal y como nos lo han mostrado debería de ser extraña. Tengamos en mente esos mapas difusos, “deformados” y abstractos antiguos plagados de monstruos en sus confines, imaginemos que nuestra realidad fuese la definida por ellos y que, más aún, no todo el mundo hubiese visto alguna vez uno. La percepción de su entorno para muchos vulgares sería una serie de topónimos cuya posición y distancia solamente se conoce como estimación procedente de una tradición y costumbre oral. En ese contexto encontramos a los últimos exploradores y cartógrafos que fueron más allá, ante lo indefinido y lo dibujable, hacia situaciones de inseguridad y curiosidad. Ante todo, el mapa tal y como lo conocemos: inmutable y permanente transmite la sensación de seguridad necesaria para la búsqueda de estabilidad y la reticencia a la búsqueda del cambio en lo colindante.

Los cartógrafos crearon contornos en los que crear contextos en su interior, vivieron una experiencia alejada de la protección de lo inmutable. Pero lo inmutable no es tal sino una construcción estandarizada.La proyección del mundo que nos han mostrado tiene un nombre como todo buen constructo teórico (y este suele ser Transverse Mercator).  Es imposible tomar un geóide, o incluso una esfera, y proyectarlo de forma que este transcriba con todas sus propiedades la realidad, las construcciones geográficas de nuestra cabeza conllevan una elección que no hemos hecho y es qué queremos sacrificar a la hora de proyectar nuestro mapa, qué es lo que debe tener preferencia y qué debe quedar empequeñecido, y esta discusión ha llegado incluso a un ámbito tan superficialista como el geométrico, para que la estructura informacional imperante impusiera su mapa, y por tanto, su visión del mundo.

El mapa que se nos presta delante e imbatible está plagado de líneas y colores, es difícil concebirlo sin ese aspecto de puzzle desmontable. Que el mapa tal y como lo conocemos, y por tanto la estabilidad de la realidad estaba cambiando ya era una cuestión evidente, pero sin tener muy claro si el cambio geométrico era un simple aplanamiento. Las estructuras y las distancias evolucionan en un mundo donde quizá ya no vienen definidas por una medida geométrica sobre un plano, los puntos cercanos unos a otros ya no son los puntos próximos en el mapa, sino que estas nuevas métricas necesitan otras variables como las relaciones entre personas, los intercambios comerciales  o la capacidad de conectividad tecnológica.

La búsqueda de seguridad nos hace agarrarnos a un puzzle donde las formas de las piezas pueden variar con el tiempo, pero siguen constituyendo un intento de estado dentro de la pertinente omnisciencia de los estados-nación como regla nemotécnica para su definición rápida. Pero estos conceptos se escapan y diluyen en un trasfondo donde los actores y sus relaciones han cambiado y donde la métrica se ha deformado.

Un paso más adelante, una vez descompuesto este discurso nos encontramos con el mundo narrado por Stephenson en “La era del diamante: Manual ilustrado para señoritas“, dónde el mapa ha cambiado, pero no determinado por la aparición de geotectólogos capaces de cambiar la geometría de las tierras y de hacer aparecer islas y atolones donde antes no los había. El mapa ha cambiado porque han cambiado el tipo de agrupaciones entre los individuos y entre los individuos y su entorno territorial. Éste se ha desgajado, si no se examina bien, en unas pocas grandes “phyles” (en la traducción en mis manos) y unos tetés desheredados.

Estos nuevos contextos y grandes filés suponen las nuevas estructuras económicas y relacionales una vez extinguido el modelo estatal, muchas veces herederas de un nacionalismo tardío y basadas en relaciones ético-religiosas (confucianismo y antirelativismo neovictoriano podrían ser un ejemplo) que se caracterizan por dotar del mito y la estructura económica necesaria a grupos de personas que siguen lejos de pasar a vivir en una comunidad totalmente real. Los males se reproducen o mantienen, los neovictorianos con sus jerarquías accionistas y sus ingenieros entrenados para no definir los problemas que quieren resolver, sino para operar mecánicamente ante unos requerimientos impuestos para la producción clónica negando el trabajo imaginativo y liberador del hacker a todo aquel que no pertenezca a una élite “bespoke” trabajando sobre diseños a medida del usuario; en el resto de grandes phyles, poco más que fanatismo religioso, leyes viejas y demás fantasmas.

Pero frente a estos nacionalismos artificiales (si puede haber algo más artificial que un nacionalismo, mejor llámenseles tardíos), encontramos pequeñas phylés donde la escala y el trabajo se humanizan, un paso post-estatal más cercano a la visión que nos da “Filés: de las naciones a las Redes“, la voluntad de construir un entorno y la necesidad de unos mitos comunes que aglutinen a la nueva comunidad, que generen su trasfondo y les doten de una leyenda/historia para que alrededor de la mesa pueda haber conversación y no el silencio de los que no saben qué contarse, sin olvidar una estructura económica que le sustente, una motivación productiva.  Estas pequeñas filés donde ya el territorio y los asentamientos no son importantes, donde el nomadismo da un paso más frente a los vestigios sedentarios del estatalismo.

El futuro que nos narra Stephenson no es una visión estática, es el proceso de recomposición tras la descomposición, o la descomposición definitiva, donde metafóricamente el hilo y excusa narrativa es el robo y la liberación de un producto cerrado tecnológico, un libro que desea formar a su lectora y darle la potestad de construir sus propias herramientas críticas, un manual de rebeldía que no deja de ser un camino de encuentro y formación progresiva.

Volviendo al presente, el proceso de descomposición efectivo se hace ya evidente, las guerras ya no son enfrentamientos de honor entre territorios etiquetables, las primeras guerras contra enemigos difusos se han alargado tanto que ya nadie recuerda si las motivaciones políticas de los nuevos actores necesitaron una estructura económica para mantenerse o fue esa estructura económica la que generó su agenda pública. Los viejos mitos estatales necesitan ponerle cara y nombre a un enemigo que no son capaces de conocer, a una guerra a la que no son capaces de generar ninguna épica y donde las relaciones diplomáticas han cambiado su definición y sus intermediarios.

Ante esto, podemos ser atemorizados lectores de mapas ajenos  o buscar las nuevas geografías que cartografiar. Más aún, todavía tenemos la posibilidad de ser una casta de neo-cartógrafos que documenten los cambios que ellos mismos han hecho en el paisaje, sin olvidar que las nuevas geometrías fractales son infinitas y por tanto, inabarcables en universalidad.

9 críticas en “Cartógrafos en una época de geotectólogos

    • Gracias! Por cierto y ya que estamos con La era del diamante… a nadie se le ha ocurrido cambiar Toma por Alimentación en la traducción al castellano? Alimentación, igual que toma se utiliza para hablar de la corriente electrica y hace el doble juego de palabras del libro: no me alimentes, dame semillas (don´t feed me, give me seeds).

    • Sí, esa es realmente complicada, y Alimentación, por ejemplo, no me termina de convencer, qué se le va hacer, una vez que ya lo has visto en inglés y lo sabes, pues… :-)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>