Antonio Escohotado, desde la libertad de consumo

El mercado significa que no nos ordenan ni qué producir, ni qué consumir, y la negacion de ello es un ataque a la autonomía de la voluntad

Llevo unos cuantos días volviendo a ver vídeos de Antonio Escohotado, vía otro Antonio.

Esta entrevista, y otras que está haciendo en esta temporada tiene como motivo de la presentación de la segunda parte de Los enemigos del comercio, que publica bajo una licencia a la que ha llamado copyfreedom con prácticamente la única restricción de que toda obra derivada debe ser, a su vez, libre.

Siento que Escohotado ha caído en cierto olvido en los últimos años tras su fama derivada, principalmente, de su conflictivo estudio sobre las drogas, que se plasmó en Historia general de las drogas. Una visión de las farmacología y del derecho al uso del propio cuerpo que le llevó de una visión unitaria y comunista de la realidad a la aceptación de la diversidad de perspectivas, a la búsqueda del individuo y, a una parte imprescindible, la necesidad de la libertad de consumo en todos los aspectos. La aceptación de que no puede haber una moral impuesta que defina las necesidades y, en definitiva, la propia voluntad. Puede que en un origen las drogas no fueran más que la necesidad de ruptura, la búsqueda de una de las fronteras del sistema y la necesidad de oponerse a la coerción.

La experimentación y la creencia de que las drogas eran la ventana al estudio de la historia desde otras perspectivas le llevó a entablar amistad con un científico como Albert Hofmann, descubridor del LSD mientras trabajaba para Sandoz y que orientó su carrera para intentar explicar la fuerte dependencia de la alteración de la conciencia con la generación del mito y la experiencia sensorial compartida como síntesis de la comunidad.

Más allá de las drogas -o el temor a uno mismo-, su investigación le llevó a lo que  él ha decidido llamar un estudio del comunismo -el miedo justificado al prójimo- como elemento más básico entre la una lucha entre libertad y seguridad en un mundo regido por las pulsiones entre dos necesidades, la estabilizadora y la que promueve la evolución de un sistema -para él inevitable y en el que siempre habrá totalitarismo y solidaridad- mediante la lucha entre el ser y el deber o, también, el sueño y la realidad, aunque comprendiendo la realidad con el trasfondo de la aceptación de la existencia de otras perspectivas, otras realidades, o quizá, como único medio para manternerlas y no imponer una moralidad. Es decir, un consumo como una realidad en la que existe alternativa al mercado, pero esta está dominada por un el que manda, manda y cartucho en el cañon.

Parece imprescindible para comprender su visión evolutiva ese apego a la ciencia como el mayor mito de la humanidad, un mito como leyenda que construye poco a poco una epopeya, la lucha contra la realidad por superar a los temores y a los enemigos. Una tecnología que trae inevitablemente más libertad en un discurso abiertamente hacker -desde la perspectiva de Himanen, dónde la posibilidad de encontrar un trabajo vocacional es aquello que está destinado a liberar al hombre, que no deja de ser el sueño del fin de la explotación del hombre por el hombre. Y que ha llevado a girar las tornas a una sociedad donde el problema ha dejado de ser infraproducir para pasar a ser sobreproducir -frase en la que no quiero ver decrecionismo, sino gestión y comercialización de la producción.

Vivimos una dictadura, en nombre de una Academia de la Lengua, que pretende ser la propietaria de un asunto que no tiene propietario y que hasta 1994 definía curiosidad como interés por saber lo que las cosas son y que desde el 94 define curiosidad como interés por saber indiscretamente cómo las cosas son. Antes definía asombro como origen del conocimiento filosófico, desde entonces define asombro como susto, espanto.

Ahí es donde esta la mano del mediocre que intenta recortarle a los demás la vida y decirles por donde tiene que ir. Negarse a que la realidad es proceso e insistir en que es definición del dogma. Entonces coge curiosidad y la define cómo donde no debes mirar, donde no se te había ocurrido observar. ¡Subnormal! Si la ciencia no es curiosidad y asombro la ciencia no es nada, no será más que repetir un catecismo. Pero eso es lo que pretende una academia que de repente de apropia la propiedad de algo que es cotidiano. ¿Qué pueblo que no sea una cultura funeraria tiene una academia de la lengua? Las lenguas vivas no necesitan academias de la lengua. […] Yo, me quedo con lo complejo.

Una ciencia a la que considera, acertadamente junto con la tolerancia, los principales valores de personas a las que pide generosidad -dar sin esperar recibir y recibir sin pedir. La ciencia no deja de ser quietud y observación, la búsqueda de calma y estudio en un mundo que cada vez pasa más deprisa, pero que necesita de un tiempo de quietud, evolución y perseverancia a la que ve, junto a la curiosidad y la valentía, valores fundamentales. Ya comentaba esa percepción que suele pasar desapercibida para el comerciante frente al científico en la que algo, para llegar a culminar, para llegar a ser útil y totalmente novedoso, debe cubrir vidas enteras de perspectivas, enfoques, apego por el propio esfuerzo y por el de los demás.

Porque al final, cualquier persona en su sano juicio es optimista y hay que alegrarse de que el mundo, a veces, progresa. Pero lo hace gracias a una verdad como resultado, como algo que se construye, una verdad llamada a un indeterminismo justificado ya por los nuevos paradigmas científicos donde la realidad no deja de ser probabilística(¿?). Una búsqueda de ideas no preconcebidas, un análisis de datos para intentar buscar realidades y en la que, inevitablemente, llegaremos en ocasiones a conclusiones totalmente opuestas a lo que el instinto nos dictó y en el que lo real siempre supera a lo imaginario. Porque creo que compartimos que, cuando la ciencia se hizo religión y el progreso sustituyó al cristianismo como motor de movilización de masas, se llegó al fatal error de creer en la ciencia como predicción, cuando esta es observación.

Porque al final lo importante, el valor, reside en encontrar la forma de dar cosas útiles a los demás. Por ello en algunas de estas plácidas conversaciones me extraña que no comprenda la diferencia de valor de un producto dependiendo del comprador (42:00), pero más allá de pequeñas extrañezas; todos somos conscientes de una complejidad aparente. La realidad es compleja y no puede reducirse a soluciones fáciles, pero en la que el apego, el cariño, es lo que produce el placer.

Porque hasta ahora, como bien comentaba en la presentación de Los enemigos del comercio en el Instituto Juan de Mariana, Bakunin es el único pensador cercano al socialismo decimonónico capaz de percibir cómo  complejo todo aquello que trata con el individuo y donde el proletariado no es más que un concepto para movilizar y esclavizar a una realidad inexistente. Los que hemos debatido con el conservadurismo encerrado liberalismo sabemos la necesidad que tiene un auditorio que se autodenomina tal de convencerse y volver a afianzarse en etiquetarse como liberal, y por ello, su discurso allí peca de la necesidad excesiva de plantear un marco simplista y común con los oyentes para poder transmitir un mensaje; pero con la valentía suficiente como para cargar contra el liberalismo contemporáneo por simplista, donde el libre mercado no dejan de ser nuevas utopías y nuevos sueños inalcanzables, y los sueños solo son tangibles con violencia. Donde el voluntarismo es otro infantilismo que cree que las cosas se realizarán solas sin necesidad de nuestra propia mediación.

Lo simple del sueño frente a lo complejo de la realidad es lo único que queda. Una visión en la que coincidíamos Antonio y yo es que transmite cierto deje de conservadurismo cansado, pero al que yo veo como plácido, tranquilo, al haber comprendido que el sistema existe y parece imposible de evadir, pero que su propia existencia es lo que permite que aparezcan fronteras donde sí que existe la libertad. Y los sueños. Y la voluntad de coexistir y cooperar. Una realidad de lo complejo donde al final se busca la generosidad y la amistad en pequeñas cosas.

Al fin he encontrado lo que siempre quise, unas personas a mi alrededor que no me piden más de lo que pueda hacer y yo, que sigo queriendo saber.

9 críticas en “Antonio Escohotado, desde la libertad de consumo

    • Saludos Antonio. No nos conocemos, pero muchas gracias por la lectura y por haber rellenado de contenido ese post. Ante cualquier puntualización, quedo abierto a cualquier sugerencia. Es una sorpresa placentera que haya contactado conmigo: esas cosas que solo la extensión de internet nos ha podido regalar.

  1. Aprender a morir “es aprender a saber, quizá… Aunque hay que reconocer una parte de ternura, de adiós, de despedida [que] siempre, siempre me ha inquietado. Y la verdad es que me gustaría poder morirme solo para evitarme ese trance”.

    Antes de saber denominarlo “parresía”, creo que la primera verbalización en sencillito que hice de ello fue algo como “entereza intelectual” o “integridad de pensamiento”; y lo que me hizo pensarlo fue leer lo que (y cómo) escribía este señor sobre drogas, políticos y circos mediáticos, libertinos… (descubrí a ese Jünger del que hablo a veces a través suyo).

    A qué buenas estrellas –al hilo de algunos posts recientes sobre la bondad de la guía/maestría y del irse a buscar maestros– apunta el dedo de éste…

    ¡Cómo he disfrutado el post y la compilación de entrevistas! Gracias, Pablo :-)

    • Gracias Odín! La verdad es que ahora, y en tiempos de promoción, le están saliendo gran cantidad de entrevistas y dos de estas son antiguas, pero me gustan porque, al igual que comentas tú, las vi hace un tiempo y me marcaron un referente.

  2. Tenía pendiente esta entrada dedicada a Escohotado. Lo que trae enlazar… :) y escribir buenos posts. No he indagado en su obra, así que no queda otra, después de haber leído que has escrito sobre él. Muy buena Pablo!

    • La verdad es que leer un poquito de su obra ayuda bastante a poner los pies en la tierra y volver a ser “realistas”, pero evidenciando que todavía quedan muchas, muchas cosas por conocer y que hay que dedicarles tiempo y aprecio para llegar a ellas. Por cierto, Kognar pasó hace un tiempo “Los enemigos del comercio” por mail 😉

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