El cielo de la ciudad y una pared vertical

Hace unos meses KATSU utilizó su drone armado con un bote de pintura en spray para vandalizar uno de los paneles publicitarios más céntricos de Nueva York, En una entrevista en Hiperallergic recientemente justificaba que las muestras que lleva algo más de un año haciendo de sus ensayos en interiores, como los que mostró en la feria de arte de Silicon Valley el año pasado, simplemente quieren aprovechar “el corto periodo de tiempo antes de que los drones sean capaces de pintar como pintores”, es decir, antes de que el automatismo haga que se pierda la inestabilidad de los trazos y la aventura de lo experimental.

Pero mi sensación personal es que lo que le oferta emplear un drone para “hacer graffiti” no es más que una forma más de apropiación del espacio. Otra forma más de exploración urbana, como lo es el graffiti, que permite apropiarse de un espacio deshumanizado o inaccesible y que lo hace de forma desestructurada, como  un enjambre. Un gran juego. “¿Significa eso que puedo tirar esas líneas en un lienzo de 10 metros supendo a 8 m de altura?(…) Pintar de esa forma no había sido posible antes”.

Permite crear nuevas trazas de continuidad en unos mapas personales, al igual que lo permite cada vez que se piensa en algo nuevo y lo abandonamos cuando deja de tener utilidad personal. Aunque es cierto que llegar más arriba, conquistar eso aparentemente inalcanzable, siempre nos ha llevado a intentar cosas nuevas. La técnica siempre ha estado muy ligada a la producción creativa,  pero todavía la influencia de la tecnología en el arte sigue gastando horas de conversaciones y folios de revista, principalmente cuando pasamos a hablar de reproductibilidad.

Este tipo de inventos, seguramente vayan a ser algo residual,  una pequeña herramienta en manos de algunos curiosos, pero que nos permiten adueñarnos del día a día, de los espacios que vemos y que queremos sentir como propios, o descubrir lo insospechado al saber como acceder a la siguiente azotea.

Pues bien, una de las curiosidades de este proyecto es cómo el modelo se ha publicado como open source. La herramienta queda libre para que cada uno pueda intentar emplearla como estime necesario en su propia “conquista” de una pared vertical (o no).  El modelo supone transformar uno de los cuadricópteros de consumo más habituales, el DJI Phantom 2, pues, como nos ha enseñado el hardware libre, una de las cualidades de lo libre, más allá de la licencia, es que en esencia sea fácilmente accesible y manipulable para el uso que le queremos dar.

Katsu Drone Graffiti Componentes

Por delante queda entonces, que los proyectos de cada uno lleven a cambiar este en diversas direcciones. Se podrían emplear algunos otros modelos de drone, incluso aventurarse para usar modelos más libres y abiertos que incluso puedan fabricarse en una impresora 3D en el escritorio de tu casa. El que necesite obviar estos trazos infantiles y encabritados podrá buscar convertir su drone en una impresora para paredes verticales, automatizar totalmente el proceso mediante un plan de vuelo donde la acción en sí de la pintura deja de perder su valor buscando solo la conquista o el mensaje. Las tecnologías resuelve problemas personales, y todas están ahí, solo falta que alguien se ponga a unir piezas.
En momentos en los que se debaten cuestiones como los cambios regulatorios en el Estado español, habrá quien se plantee que esta tecnología puede sumarse a otros robots que se pueden emplear de forma contestataria, de forma vándala, anónima, permitiendo hacer contrabando de propaganda.  Podría ser otra herramienta más para el activismo que, como mentalidad innovadora sobre la sociedad, solo tiene camino cuando también innova en sus formas.

Las fronteras que cada uno quiere conquistar son particulares, y las herramientas que cada uno emplea muchas veces necesitan de tomar referencias de varios lugares simultáneamente para poder abrir ese camino propio de apropiación de nuestro entorno. Pero una de las cosas que me es curiosa, personalmente, es como los drones forman parte de esa esperada “democratización tecnológica” de lo aeroespacial, la frontera que supone levantar los pies del suelo. Parece que hoy cuando algo pasa a ser electrónica de consumo, su acceso a las masas le da un lugar rimbombante en la propaganda mediática, pero también empieza a permitir a las masas generar riqueza y experiencias.  Y deja el camino a plantearme otro término, pues lo uso para definir muchas veces mi trabajo, ¿qué significa democratizar una tecnología?